ENSEÑAR Y ALENTAR A COMPARTIR SIN FORZAR.

Los niños necesitan compartir y también defender sus pertenencias. Deben tener algunas cosas y espacios para todos y otras que sean exclusivas de cada uno.  Obligar a compartir, puede incrementar el resentimiento y el egoísmo. Lo mismo pasaría si evitamos que compartan o les excluimos de momentos donde puede llegar a ser difícil dar y esperar.  

Desde una mirada de crianza respetuosa, podemos sugerir compartir y en la medida de lo posible ofrecer alternativas a nuestro hijo. Es decir, mostrarle cómo se comparte, acompañarlo en sus sentimientos cuando comparte y proporcionarle muchas oportunidades en las que vea la necesidad de compartir.

El chantaje, por ejemplo, decirle que si le presta el juguete a su amigo le darás un dulce, no sirve. En realidad, puede que el niño ceda el juguete por conseguir el “premio” que le han prometido, pero no está compartiendo.

El engrandecer una alternativa, por ejemplo, decirle que le dé a su primo o su vecino la manzana que está comiendo que después le darán a él una más grande, no sirve. En realidad, estás aumentando la brecha del vínculo y fomentando posiblemente los celos, pues el mensaje que das es que hay algo “mejor” para ti y para el otro no, entonces el pequeño puede pensar que seguramente habrá momentos en que él sea el desfavorecido.

El pobretear o disminuir al otro para conseguir que comparta, por ejemplo, decirle que deje sentar a su hermano menor donde él está sentado porque “pobrecito” el hermano es más pequeño o porque “pobrecito” se pone a llorar, no sirve. La compasión se genera cuando los niños espontáneamente logran ponerse en los zapatos del otro, es decir desarrollan la empatía y esto sólo lo consiguen con los años. Entonces, si forzamos a compartir por pena o pesar, el mensaje que damos es que estas condiciones como ser pequeño o estar triste son ventajosas y dan “privilegios” por lo que ser mayor o estar feliz sería negativo.

Puedes ayudarle a ser empático y explicarle las razones por las que te gustaría que él compartiera. Siguiendo con el ejemplo anterior, podrías decirle que para un niño más pequeño es más cómodo sentarse en un cojín pequeño por el tamaño. Y si lo entiende, maravilloso, si no, pues seguir buscando alternativas. Tampoco se trata de desbordarte en explicaciones ni argumentos para lograr que el niño ceda a compartir.

Piensa en este ejemplo de adulto: pides un préstamo al banco. Pueden dártelo fácilmente o pueden ponerte trabas y pedirte más documentos y a pesar de que tu crees que cumples con los requisitos, no te lo dan. Entonces piensa que, aunque para ti el tamaño es una condición importante, para tu hijo no es una razón suficiente para tener que ceder su puesto ni su cojín.

Para concluir, recuerda que los niños por naturaleza son egocéntricos. El egocentrismo forma parte del desarrollo evolutivo normal y es adaptativo en la especie humana. Con esto quiero decir que debemos enseñar a compartir y promover desde la primera oportunidad que tangamos con nuestros hijos y así formamos la base para luego, cuando su desarrollo lo permita, tengan incorporada esta habilidad social muy importante en la vida. Dicho de otra manera: enseñamos a compartir desde el principio y alentamos a que compartan cuando ya tienen la capacidad de hacerlo.

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