INTERVENIR CUANDO TU HIJO SE RELACIONA

Los niños por naturaleza buscan al otro. Al principio ese otro es quien cuida, quien proporciona seguridad y suple necesidades físicas y de afecto. Más adelante viene una etapa en la cual las personas que forman parte del entorno cercano cumplen un papel importante en la socialización del niño. Después llega el momento en que los pares, es decir otros niños de su misma edad, pueden ¨servir¨ para jugar y más adelante en que los demás cumplen la misma función en tu hijo, que él cumple en ellos, es decir construyen una relación reciproca.

Antes de intervenir y decirle cómo comportarse a tu hijo, puedes observarlo y ver sus señales espontáneas para relacionarse. Proporciónale espacios de socialización para demostrarle que hay otras personas aparte de él y que debemos cuidarlas. Esta actitud de cuidado tiene implícito el mensaje de no se hace daño (no se pega, no se grita, no se empuja, etc.), pero en positivo.

Recuerda que las habilidades sociales se aprenden con el ejemplo al ver a los adultos hacer lo correcto o ver a otros niños haciendo las cosas bien, tu niño lo hará bien también. Recuerda también que toman mucho tiempo en ser adquiridas porque requieren un desarrollo emocional y físico del cerebro importante. Me refiero al sistema límbico y al área de la corteza prefrontal del cerebro que es la última en desarrollarse y la de más reciente evolución en la especia humana.

Reciprocidad, solidaridad y empatía, son habilidades sociales que, aunque ocurren de manera espontánea en los niños al estar en contacto con los iguales y otros adultos, toman mucho tiempo para ser adquiridas. Estas se desarrollan junto con el proceso de maduración y crecimiento.

Autocontrol, respeto, asertividad sonpautas de funcionamiento que ayudan a relacionarnos y nos proporcionan bienestar. Facilitan el desarrollo de una buena autoestima y autoconcepto y fomentan las relaciones satisfactorias o saludables.

Te podrías preguntar lo siguiente:

– Y si mi hijo se sale de las casillas porque no puede tener o hacer eso que quiere. ¿No tiene autocontrol?

– Y si no me respeta y me pega, porque está enfadado por no poder llevarlo a la piscina porque llovía. ¿No sabe de respeto?

– Y si le quita bruscamente el juguete a un niño que está jugando en la arenera porque él lo quiere. ¿No conoce el respeto al otro?

– Y si no se conmueve al ver a su hermano llorar de hambre y tu mientras le das el pecho o el biberón, él te “exige” con gritos que quiere comer ya su postre.  ¿Le falta empatía y asertividad?

Puede que la respuesta a esto es que tu hijo es pequeño (y no pongo ninguna edad para no guiarnos por números) o es aún inmaduro y necesita adquirir estas habilidades con muchas repeticiones, por lo que tu ejemplo y sobre todo tu paciencia son fundamentales. Debes entender el desarrollo madurativo de tu pequeño y con firmeza explicar una y mil veces la manera correcta de actuar frente a la misma situación. No desistas y es mejor que con respeto y cariño insistas.  

Pedir ayuda, saludar o agradecer, son normas sociales básicas para relacionarnos y desde muy pequeños los niños tienen sus maneras de hacerlo, aunque a veces las formas no son las deseables y requieren ser pulidas a lo largo del tiempo. Gritar ó llorar cuando necesitan ayuda, por ejemplo, puede traducirse en palabras cuando ya se adquiere el lenguaje.

Saludar o agradecer, mantener la mirada y sobre todo adquirir el sentimiento de agradecimiento requiere madurez, por eso los niños pequeños se esconden a la hora de saludar o miran a papá o mamá esperando que le digan que debe dar las gracias. Hay niños más extrovertidos que saludan a desconocidos y dan lar gracias espontáneamente, pero debemos saber que no es la norma y que por lo general sucede lo primero.

Si ves que necesita ayuda, espera a que te la pida y si lo hace de mala manera repítelo con tus palabras en tono calmado diciéndole “¿lo que me quieres decir es que necesitas ayuda para abrir el frasco?” por ejemplo.

Si el niño sonríe o llama la atención con movimientos cuando ve a otra persona, lo interpretamos como su forma de saludar y le explicamos que para que nos entendamos entre todos podemos decir “hola”. No obligues a abrazar ni besar, así se trate de su abuela. Es difícil aceptar que no lo hagan, pero puede ser más perjudicial que lo hagan forzados o manipulados.

Si consideras que debe dar las gracias por él, hazlo con tu vos, es decir en primera persona en nombre de él “gracias por lo que le has dado o has hecho por mi hijo”. Así le das la responsabilidad que le corresponde sin obligarlo a hacer algo que aún es difícil para él o ella. No imites su voz ni hables como si fueras él.

Compartir, disculparse, esperar, son destrezas que se aprenden con el tiempo y que más adelante se comprenden. Muchas veces vemos a un niño pequeño compartiendo, porque le han dicho que lo haga, porque ve a los otros haciéndolo, sin embargo, entender que el echo de compartir conlleva una buena acción, que entienda que al otro le agrada y se siente agradecido por su bondadoso acto, o que siente el verdadero altruismo de pensar en el otro por encima de sí, es algo que ocurre mucho más adelante.

No lo obligues a compartir su juguete o su comida, por ejemplo. Pregúntale y ofrécele alternativas. Muéstrale que a ti te gusta compartir también. Aunque los mas pequeños no son capaces de ponerse en el lugar del otro, sí le puedes decir que si presta su juguete mientras él juega con otro, puede estar contento, o que así le pueden prestar también otra cosa. Mas grandes sí que entienden esto y que son los dueños de las cosas y les pertenecen, aunque otro las pueda usar.

No lo obligues a disculparse ni lo hagas sentir mal porque se ha equivocado y ha pegado a alguien más, por ejemplo. Jamás le digas que es malo, porque estoy segura de que no lo es. En mi opinión ningún niño es malo. Primero conecta con él y demuéstrale que entiendes lo que siente y sus deseos. Luego enséñale y muéstrale el camino correcto y las alternativas que tiene.

Disculparse no es solo decir perdón, es reparar el error y el propósito de no volverlo a hacer. Ojo que digo el propósito no la firme convicción. Probablemente a pesar de entender la situación y resolverla con satisfacción, aún faltan más vivencias parecidas para aprender la lección. No te quedes con la frase de cajón “discúlpate inmediatamente” el niño dice “perdón” y ya todos contentos, pues hay que reparar verdaderamente el error y eso requiere tiempo.

Enseñar a esperar requiere paciencia, pues no hay de otra. Esperar el turno es lo más difícil de aprender y enseñar. El tiempo es el mejor profesor, así que dale tiempo y ofrécele situaciones en el que tiene que esperar y evita las que puedas evitar.

Para terminar, recuerda observar primero, conectar con tu hijo antes de enseñarle cómo actuar. Dale mucha libertad para que descubra por sí mismo como relacionarse y tu procura darle las oportunidades para hacerlo.

Ten presente sus etapas de desarrollo y su estado de madurez. Verás como las habilidades sociales se adquieren espontáneamente al relacionarse, principalmente contigo, por lo que eres su mejor ejemplo y con las demás personas -léase bebés, niños, jóvenes, adultos, personas mayores- que son el mejor aliado para aprender a relacionarse.

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