LOS BUENOS HERMANOS

No existe la fórmula mágica para ayudar a nuestros hijos a ser buenos hermanos y tener la relación soñada entre ellos. La diferencia de edades: los que son muy seguidos, muy separados o incluso los múltiples, los géneros iguales o diferentes, el carácter de cada uno, las circunstancias familiares y sociales que rodean cada criatura, entre otros factores, van a influir. Sin embargo, nada está escrito y todo aquello relacionado con vínculos afectivos tiene un principio y muchos caminos y posibilidades que con el paso del tiempo y el vivir de las experiencias se van marcando.

Vamos al principio de todo, la gran noticia: vas a ser hermano/a mayor.

Mi recomendación es que lo hables con la mayor naturalidad posible, y siempre responder con asertividad cuando hagan preguntas. Los niños tienen la necesidad de conocer y saber las cosas, ¿cómo llegó su hermanito a la barriga, o cómo se inició un proceso de adopción dado el caso?

En mi opinión no tienes que ser experto para responder adecuadamente. Tú mejor que nadie conoces a tu hijo y sabes con cuanta información resuelves su duda y queda satisfecho. No dejes huecos ni dudas por resolver. Tampoco respondas lo que no te está preguntando, ni le transmitas información que por su desarrollo no tiene aún la capacidad de comprender.

En mi opinión, disfrazar, evadir, engañar, con respuestas tipo” la cigüeña te trajo volando”, no es conveniente. No es lógico y genera más dudas e inquietudes. Los niños entienden perfectamente el sentido de la verdad -aunque no la comprendan- y saben cuándo se les está engañando.

Muéstrale fotos de su nacimiento, un recién nacido es lo más tierno del universo, pero puede ser no muy bonito ni muy divertido para un niño. Tu hijo puede imaginarse un bebé ya más grande, rosadito y gordito, con ojos abiertos y sonriendo. Es mejor que sepa como es un recién nacido y como era él mismo.

Prepáralo hablándole de lo que puede y no puede hacer con su hermanito/a cuando nazca. No generes grandes expectativas que pueden poner nervioso a tu hijo/a o trasmitirle ansiedad. Por ejemplo, le puedes decir “cuando nazca tu hermanito/a, me puedes ayudar a cambiar su pañal o me puedes acompañar mientras le baño” que es muy distinto a decirle que él o ella le va a cambiar el pañal o lo va a bañar (pues si es muy pequeño/a no podrá hacerlo). Así queda claro que el bebé es responsabilidad de mamá y papá y que él o ella como hermano/a mayor es parte fundamental del equipo que cuida al bebé y ayuda a los papás.

Llega el día y estamos a la expectativa del primer contacto entre hermanos.

Gracias a la neurociencia, sabemos que las emociones y la memoria están ligadas, y podemos ubicar en el cerebro las áreas que intervienen al fijar un recuerdo emocional intenso. De aquí la importancia que este primer encuentro sea grato para todos y quede grabado como un momento placentero.

Sería ideal que el nuevo hermano o hermana mayor fuera la primera persona en poder visitar al bebé. Que pueda experimentar este momento único en la intimidad de la familia nuclear para dejarlo vivir sus emociones, que pueden ir de la exaltación total, la ternura, la alegría, la rabia o la desilusión, incluso rechazo, por ejemplo.

Por eso, si puedes planear el momento, lo más recomendable es que estén solos papá, mamá y el bebé. Ya llegaran abuelos y tíos (si es el caso que la mamá desee recibir visitas en el hospital o en casa en caso de parto casero)

Otra recomendación es que los padres puedan estar libres para atender al hermano o hermana mayor cuando llegue al hospital. Es decir que no llegue justo en el momento que mamá le esta dando pecho, o lo están cambiando o está en la revisión con el pediatra. Necesitamos acompañar física y emocionalmente al niño o la niña mayor para presentarle al nuevo miembro de la familia. Imagínate algo así como papá y mamá abrazando al hermano o hermana mayor acercándose al bebé para verlo y consentirlo.

Disfrutar ese momento, vivir con plena consciencia ese momento. Ya vendrán las fotos y los videos, ya vendrán las preguntas de cómo se siente y si le gusta y si lo va a cuidar, etc. Observa a tu hijo/a mayor y responde a sus inquietudes. En este momento tiene más preguntas y ganas de entender que respuestas o ganas de responder. Dale el tiempo que necesita.

Ya en casa somos uno más

Adelántate a los acontecimientos, ten a mano alternativas para que tu hijo/a mayor ayude con el cuidado del bebé. Por ejemplo, ponle un alzador al lado del cambiador para que te pase el pañal, o la crema. Puedes pedirle que le lave los piecitos cuando lo estés bañando, o que te ponga el trapito cuando le das pecho o le sacas los gases. Seguramente no lo harán de la forma que queremos o necesitamos, paciencia, dale la oportunidad de hacerlo y piensa que estas pequeñas acciones son la base para que cree un vínculo con el bebé.

Recuerda siempre que el bebé es responsabilidad exclusiva de los padres, pero que cuentan con un equipo de apoyo y dentro de este equipo está, por supuesto, el hermano o hermana mayor.

Podemos pedir a los abuelos o tíos que lo cuiden o lo lleven de paseo mientras mamá y/o papá se quedan en casa con el bebé. Tu conoces bien a tu hijo y sabrás si esto lo puede hacer sentir aliviado con lo que implica la nueva situación o por el contrario se puede sentir aislado y de alguna manera segmentado de la familia y el nuevo contexto.

Debemos transmitir el mensaje “tú eres parte de esta familia y esta situación que implica un nuevo bebé. Por eso ahora estamos más tiempo en casa, estamos en función de cuidar al bebé, darle de comer muy seguido, cambiarle el pañal, cuidarle el sueño, etc. Y naturalmente también hay tiempo para jugar y estar contigo”.

Y así todos vamos creciendo y vamos reforzando los vínculos.

Al tener un hermanito por arte de magia nuestro/a hijo/a mayor crece sin querer. Recuerda bien su etapa del desarrollo y sus capacidades. No se trata de “exigirle” más de lo que puede, sino de entender que su condición de mayor le hace tener responsabilidades, que el nuevo bebé aún no tiene. Aceptar la naturalidad de la situación es la clave. Sin remordimientos, sin sentir pena, sin sobreprotecciones.

Las regresiones en este momento de la vida son normales, si ya ha dejado el pañal, por ejemplo, puede volver a necesitarlo. O también puede tener actitudes de bebé. El niño imita y experimenta, déjalo que imite y que experimente. Entre menos te enganches tú, menos se enganchará él o ella. Dile lo que esperas que haga y lo que tu quisieras que él o ella hiciera, así no tienes que decirle “no hagas cosas de bebés o no te comportes como un bebé”.

Llegarán etapas de la vida en que los hermanos se unan más porque pueden coincidir en los mismos gustos e intereses o pueden tener habilidades parecidas. Promover mucho tiempo juntos, cumplir el mandamiento de no obligar a compartir las cosas y reforzar el sentimiento de “equipo” pueden ayudar a reforzar ese vínculo y esos lazos entre hermanos.

 

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