Una nueva etapa de la cuarentena: salir de casa.

Lo primero que tienes que preguntarte es en qué punto se encuentran tú y tu hijo. Para esta pregunta hay dos respuestas posibles: por un lado, pueden encontrar que ya no soportan más el confinamiento ya que se sienten encerrados y por otro lado la respuesta puede ser que están tranquilos y pueden esperar unos días más quedándose en casa.

Si ya están listos para salir

Lo primero: No tengas grandes expectativas ni hagas una preparación extraordinaria. Será una salida sencilla, muy corta y cerca de casa.

Al ser consciente de esto, puedes transmitir este mismo mensaje a tu hijo. Así sus expectativas serán reales y de esta manera sabrá que será solo un paseo que no puede durar mucho y tampoco puede ser ni muy largo o lejos de casa.

Hay mucha información sobre el tema, mi recomendación es contrastar siempre y dirigir nuestra mirada a informes públicos y comunicados oficiales del gobierno.

Para los más pequeños he visto cartillas y videos que se les pueden mostrar en forma de cuentos o reglas y normas muy fáciles de comprender con ilustraciones e imágenes muy bonitas.

Entonces lo primero es la prevención, por lo que es muy importante seguir al pie de la letra las indicaciones de las autoridades tales como mantener la distancia, no usar mobiliario urbano, nada de usar toboganes, columpios, etc. y sobre todo el correcto lavado de manos y desinfección de ser necesario.

Recuerda que tu también lo harás, entonces serás el ejemplo que tu hijo necesita.

No exageres ni digas amenazas inciertas como “te vas a enfermar si no haces esto”.  Es como si afirmaras algo que no necesariamente va a pasar. Lo que puedes hacer es advertirle la importancia de cuidarse para evitar cualquier tipo de contagio.

Una vez acordados estos puntos, puedes explicar al niño como será la salida, y qué encontrará de diferente. Con la mayor naturalidad posible, y de manera tranquila, puedes decirle por ejemplo que van a ver las calles más vacías, algunos comercios estarán cerrados, los parques vallados, las personas con mascarillas, las patrullas de policía o las ambulancias pasaran más a menudo; en generar todo se podrá percibir muy “quieto”.

Es posible que la salida también sea algo nuevo para ti, por esta razón puedes observarte y observar a tu hijo. Si todo va bien, genial. Si notas algo de nervios, agitación, falta de control o ansiedad, es el momento de ser conscientes. Puedes recordar las normas y retomar lo que hablaron antes de salir.

A la mitad de camino advierte del tiempo que necesitan para regresar a casa.

Cuando regreses a casa y hagas lo pertinente correspondiente al cuidado, limpieza y desinfección, sería interesante hablar de lo que vieron y lo que sintieron con la salida tras un largo encierro en casa.

Puedes apoyarte por ejemplo en hacer un dibujo, escribir al respecto, llamar a un amigo o un familiar y contarle la experiencia.

Si necesitan esperar para salir

Si por el contrario tu hijo no quiere salir aún, lo primero es observar y fijarte bien si no quiere salir porque no le apetece o porque tiene algún temor.

En el primer caso, puede estar muy cómodo en casa y no ve la necesidad de salir y si tú lo ves igual, pues genial. Se pueden quedar en casa sin problema.

Cuando ya lo veas conveniente, anímale a dejar un rato la casa mostrándole las ventajas de cambiar de ambiente como por ejemplo ver otras cosas, tomar aire fresco o recibir el sol directo y ver de lejos por la calle otros niños igual que él o ella. 

No es necesario forzar, insistir de más, chantajear o inventar amenazas como “te vas a quedar sin la vitamina del sol” (vitamina D que se sintetiza con los rayos UV).

En el segundo caso, puede sentir miedo de salir y es necesario indagar sobre este temor.

Puedes preguntarle con cariño y siempre validar su sentimiento, tenga o no fundamento para ti.

Ten en cuenta que puede tener miedo del virus, de enfermarse, de los abuelos, de ver a los médicos o los policías, también a cualquier cosa que los adultos pasamos por alto, pero que puede generarle mucho miedo a él o ella.

Transmítele tranquilidad y explica con paciencia para disminuir estos miedos.

Observa las conductas de tu hijo y habla de tus emociones para ayudarlo a gestionar las suyas (y las tuyas). Te animo a tomar la situación con humor y de forma constructiva para que de esta manera puedas disfrutar de esta etapa de crianza en donde estás a pesar de la situación particular en la que nos encontramos actualmente.

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